jueves, 6 de septiembre de 2007

Quizás al referirnos a las nuevas tecnologías y a lo que ellas nos proporcionan, olvidamos la rentabilidad más allá de los planteamientos básicos del ordenador en el aula y de la adaptabilidad de estos mecanismos a cada actividad de nuestra programación.
De ahí que, pese a que en un principio pudiese sonar redundante centrarnos en los aspectos básicos de un verdadero proyecto y adentrarnos propiamente en la dinámica y estructura, en los elementos definitorios de curriculum y su diseño, era necesario, imprescindible para contextualizar que cada práctica que se realiza en el aula de nuevas tecnologías puede fundamentar no solo una actividad aislada y concreta, sino formar parte intrínseca de cada proceso que se inicie en el aula, ser un mecanismo más propio del curriculum, y no una herramienta a mayores, una opción, una posibilidad que nos brinda el sistema.
De hecho, uno de los fundamentos por los que me interesa este master va más allá de la adquisición de ciertos conocimientos necesarios para crear materiales, para movernos en el mundo que nos rodea y que, cada vez, girará a mayor velocidad y ganará altitud conforme pasen los años y se amplíen los conocimientos y las investigaciones, tener vértigo es lícito, pero no adaptarse a esas transformaciones supondría un recorte a nuestra capacidad como maestros y maestras, algo que, más allá del propio quehacer profesional, acabará por alejarse de los principales implicados en su educación.
Siempre hemos tenido presente la necesidad de un curriculum abierto, de su diseño personalizado y contextualizado, de su adaptación profesional para llegar a esas necesidades y espectativas que se erigen a cada paso o que reaparecen. Pero, ¿qué hacemos con relación a las Nuevas Tecnologías en nuestro diseño curricular? ¿Qué lugar ocupan? ¿Qué pretendemos con ellas a nivel general? ¿Cómo las integramos en cada momento específico?
La administración y los dictámenes o recomendaciones de las esferas burocráticas, se ciñen a exponer la necesidad de unos profesionales cualificados también en Nuevas Tecnologías, pero no hasta qué punto. de manera que, de nosotros depende, una vez más intentar enlazar, crear un vínculo entre nuestra actividad diaria sin el empleo de las TICs hasta una verdadera entronización en la realidad del aula. Quizás partiendo de unos objetivos que recojan esa entrada y, paralelamente, planteándola como un proceso en el que se verán implicados agentes diversos de todas y cada una de las dimensiones que intervienen directa o indirectamente en el proceso educativo (la dimensión legal publicada, la ética pública, la estética privada y la comprometida personal) podremos estipular unos contenidos en los que las TICs no mermen, quedando exclusivamente encasilladas en el "saber hacer", en los procedimientos, en las habilidades para adquirir información o transformarla sino, en verlas en sí mismas como un saber, como conceptos, y en un saber ser, donde se expliciten y se llegue a reales actitudes, a valores.
Somos conscientes de que cada proyecto requiere de dedicación, de esfuerzo, de tenacidad, de compromiso, porque los resultados es probable que se ciñan vagamente a aquellos objetivos iniciales con los que partió de base cada idea, los procesos harán variar cada estrategia, el ritmo, lo que designemos como necesario o no... todo, dependerá de nosotros, una responsabilidad.
Empujar pero incitando al esfuerzo de cada unos de nuestros alumnos, secuenciar el proceso de aprendizaje, tarea difícil en aulas tan amplias, posiblemente más aún tratándose de las nuevas tecnologías, pero, a fin de cuentas, una responsabilidad no solo extraoficial, también profesional pero sobre todo, humana, una de las dimensiones que más enriquecen pero que sin duda mayor carga hace soportar a nuestras espaldas.

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