lunes, 17 de septiembre de 2007


Primera sesión de lleno frente a la pantalla del ordenador, hacía falta ¡sin duda!

Aunque conocimos el funcionamiento de la plataforma que nos servirá durante meses sucesivos, no dista mucho del desarrollo que elige la USC virtual para los campus, para consultas y comunicación vía directa en red. Quizás algo más olvidados estaban los foros, que tanto juego tuvieron este año en Primero de carrera... por un uso algo complicado y demasiado impetuoso... pero que, en nuestra época, apenas empleamos.

Lo cierto es que, a parte de la propia actividad de contacto con la WebCT, que dominaremos poco a poco, se hace más llevadero cuando encuentras un centro de interés que te llama la atención y del que te sirves para cada una de las apreciaciones y de los contactos, buscadores y procesadores. El acoso escolar, con todo el entramado sensacionalista y exageración a la que se aferran numerosos mass media, se hace a cada año, un problema de difícil solución, ante el desamparo de un colectivo docente que se ve inmerso en unas relaciones que se asemejan más a los tiempos primitivos que a pleno siglo XXI.


Hasta no hace poco, he de reconocer que mi reacción ante este tema era más bien reacia a comentarios que exacerbaran las posturas, quizás no lo veía como una situación de gravedad in creccendo, tal vez por la ignorancia y la incredulidad. En cambio, gracias a la realización de determinados trabajos a lo largo de los años de carrera, he podido mantener contacto con varios centros públicos de capitales como Madrid y San Sebastián. Por pura casualidad en un caso y por contacto explícito por lo que respecta a la segunda cita, dos profesoras y varios de los compañeros de sus respectivos equipos docentes me acercaron la realidad desde dentro, sin cámaras de televisión, sin vídeos de teléfonos que se aglomeran en Youtube. Mi estudio se centraba en un principio en la vida cotidiana de los alumnos procedentes de otros países y comunidades autónomas, de aquellos con diferentes creencias religiosas, especialmente los recién llegados, y en las posibilidades de intercambio, de adaptación del sistema del centro, de las prácticas rutinarias en favor de la tan reiterada "integración". Y, pese a que el teme en cuestión me aportó bastante más de lo esperado, lo cierto es que buena parte del tiempo se consumió hablando e intercambiando documentos en relación al acoso escolar, a las bandas, a los matones de barrio, que pasaron de ser meros agentes de presión a "auténticos extorsionadores", según apreciaban algunas de las profesoras. Las aulas se volvían jaulas para aquellos que no supiesen imponerse, entre ellos, algunas maestras que asumieron un papel que podemos considerar ínfimo y degradante, llegando a abandonar la profesión de manera temporal en algún caso, en otros, a baja casi permanente por graves síntomas de depresión.


Estamos en una ciudad que, aunque poco a poco se despierta en el ámbito cultural, educativo, económico, etc, también en esta violencia desmesurada que incita a la actuación inmediata pero increpa la viabilidad de una solución adaptada para cada caso para atajar los efectos de una sociedad que ve crecer una serie de comportamientos que no reflejan más que el quebrantamiento de las leyes morales o los valores que aparecían como elementales dentro y fuera del hogar.


Son jóvenes con ciertos ambientes familiares y unos contextos sociales en los que se enaltece el sometimiento, en los que funciona una actitud de falsa rebeldía, los que suelen ocupar las páginas de los diarios o los reportajes de informativos y de investigación periodística, pero, ciertamente, los hay altos, rubios, de tez morena o de acento rumano, los hay de camiseta de algodón y de camisa de Tommy Hilfigher, los hay que viven en los barrios más humildes y los que gozan de todo tipo de comodidades.


¿Un retroceso, una regresión, un parón, una alarma? ¿Qué es en realidad el bullying? Sea cual sea la opinión de expertos y estudiosos, son los que viven la realidad del aula y del patio, de las entradas y salidas, de los pasillos y el doblar la esquina, los que saben que no se trata de una invención política, de unos parámetros exagerados explorados por los medios de comunicación para crear una alerta. Puede que los métodos sean poco cautelosos, pero lo cierto es que en este estado, la sociedad es imposible que acometa ese fin de avance progresivo y desarrollo creciente. Quizás debamos parar a pensar en el porqué de unas diferencias sociales que llevan a determinados comportamientos impulsivos y violentos, a estudiar las relaciones familiares y entre iguales, de forma gradual pero constante, porque todos conocemos los informes, los recortes de prensa, los vídeos, la teoría. Sin embargo, estudiar y trabajar, para algunos, no debemos de olvidar, se convierte, cada día, en un intenso sentimiento de aprehensión, inseguridad y tensión. Triste pero real.http://es.youtube.com/watch?v=DI47nIT0g9M

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